Hola, mundo (tarde... 12 años tarde).
He decidido retomar algo que nunca tomé, que dejé como cimiento, que imaginé pero nunca concreté... hace más de 12 años. Tendría 20 años, la petulancia presuntuosa de quien ha leído dos o tres líneas de un libro en extremo difícil y se siente tocado por los dioses. Hace 12 años el blog, como medio popular de expresión personal, ya pasaba por una lenta agonía. Hoy, quizás por desconocimiento, me atrevería a decir que es la actividad de unos cuantos nostálgicos que, intentando dejar una huella de sí en un servidor que puede que desaparezca más temprano que tarde, ven en estos sitios un medio más para vomitar las ideas que le estén rondando en ese momento; las que, quizás, se hayan estado fraguando a lo largo de sus vidas y que en un impulso de idiota valentía se animen a publicarlas. Creo que escribir un blog resulta alguna manera de diario. Uno flotante y líquido, capaz de rehacerse y reacoplarse a los caprichos de su autor. A fin de cuentas, ¿qué lugar más soli...